Vianey Amairani Estrada Ramirez, México

"¿Puedo nombrarme feminista, aún si me siento como mala feminista? Es una pregunta que me hago frecuentemente."

Ilustración de Sheyla Judith Santana Mora, Costa Rica

“A veces siento que no soy buena feminista”, le comenté a una amiga mientras platicábamos sobre diferentes colectivos y activismos feministas que sucedían en la Ciudad de México. En México comúnmente vemos noticias sobre movimientos feministas. Ser de la Ciudad de México te da la posibilidad de pertenecer a este movimiento en espacios abiertos, marchas y colectivos.


Aunque es posible participar en diferentes actividades, también puedes sentir que no estás haciendo lo suficiente. Es común llegar a sentir esta frustración: querer formar parte de la lucha social, pero sentir que no estás haciendo lo necesario para autonombrarte feminista y estar incluida en este proceso. ¿Puedo nombrarme feminista, aún si me siento como mala feminista? Es una pregunta que me hago frecuentemente.


Desde que tengo memoria siempre me han interesado temas dirigidos hacia las mujeres, desde las voces de las mujeres. Claro, yo no conocía la palabra feminista, pero sabía que era importante expresarnos y no dejar que el mundo nos haga menos por el simple hecho de ser mujer. Conforme iba creciendo, llegué a conocer la palabra feminismo. Automáticamente me sentía asombrada por este concepto. La lucha que las mujeres han estado realizando y que hacen todos los días, parecía algo tan sencillo y a la vez tan lejano a la cotidianidad. Desde ese momento supe que quería pertenecer a este movimiento, pero no sentía que me había ganado mi lugar para llamarme feminista.


Buscaba artículos, notas, veía videos de todas estas mujeres que habían logrado grandes cambios durante la historia y, aunque me sentía intimidada por sus logros, también me sirvió como inspiración y pasos a seguir para poder ganarme un lugar dentro de esta comunidad. Me unía a marchas, pero vestirme de los colores de las marchas, gritar las insignias y escuchar otras historias sólo aumentaba mi sentir de insuficiencia, sentir que era un fraude en este espacio. ¿Acaso sólo estoy disfrazada de lo que más deseo ser?


Investigaba, leía, escribía sobre lo que sentía y mis pensamientos acerca de este espacio, pero no creía haber conocido suficiente teoría y haber vivido una experiencia que pudiera respaldar lo que yo intentaba comunicar. Puede resultar desalentador cuando estás buscando tu propio camino dentro de cualquier movimiento social. Recuerdo haberme sentido abrumada por tanta información que había recolectado. Seré sincera, sentía que no tenía la capacidad para conocer más del feminismo. Me comparaba con mujeres inspiradoras y a su lado sentía que este no era mi espacio.


Cuando entré a la universidad conocí los diferentes tipos de colectivos feministas que se unían y se apoyaban para protestar contra un sistema opresor. Me dio una oportunidad de conocer la vida de mujeres diferentes y por qué ellas se nombraban feministas. Escuchar palabras como “eres suficiente” y “lucharemos juntas” me ayudaron a darme cuenta de que este no es un camino tan intimidante como yo lo creía. Tenía que alejarme de mi propia mente, de mis pensamientos negativos y darme cuenta de que yo estaba creando mis miedos. Finalmente comenzaba a sentir cómo mis preocupaciones e inquietudes salían de mí.


¿Por qué las mujeres nos cuestionamos tan fácilmente? ¿Por qué automáticamente asumimos que no merecemos el lugar donde queremos estar? Sentir que no somos o no hacemos lo suficiente resulta ser una experiencia muy común. Lo compartía con compañeras, amigas y familia; en algún momento todas nos llegamos a sentir así en cualquier espacio.


Ahí fue cuando me di cuenta de que no es necesario ganarse un lugar para poder nombrarse feminista. Platicar desde la colectividad nuestras experiencias, es un acto feminista. Conocer nuestras historias, compartir nuestros logros, frustraciones y miedos es un acto feminista. No debo de tener miedo o dejarme intimidar por un movimiento tan poderoso; yo puedo ser parte y ayudar.


Ser feminista no es una competencia, es un trabajo en conjunto para poder tener nuestra emancipación del sistema patriarcal. No hace falta un reconocimiento especial o contar con condiciones específicas para nombrarse feminista, todas pertenecemos a un mundo diferente. Nuestra ideología, edad, raza, sexualidad, todos estos factores van a influenciar en cómo vivimos el feminismo, pero no nos hace menos feminista. Son estas diferencias las que enriquecen la colectividad y nos lleva a crear el cambio que buscamos.


A veces siento que no hago lo suficiente por el feminismo, pero me tomo un momento para pensar y reconocer que la lucha que hago día a día, por más pequeña que parezca, hace una diferencia y nada ni nadie me hará sentir menos, ni si quiera yo misma. Por eso soy feminista.

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