Paula Silva Muñoz, Bolivia

"... en donde el canto en conjunto es #NI UNA MENOS, porque tejemos redes a través de nuestros cantos y de nuestra lucha y donde sea que estés sepas que: ¡tu manada feminista esta lista para salir a luchar por ti por mí y por todas!"


Ilustración de Melissa Lattke, Colombia


De la cuna del hermoso Illimani, majestuoso aquel que brilla a lo lejos, he visto cómo muchas mujeres hemos ido creciendo rompiendo paradigmas. Y en ese camino que se va haciendo entre las montañas, desde La Paz hasta la selva verde del oriente, empezamos muchas a caminar juntas realizando cantos sororos de amor, fuerza y lucha.


No recuerdo a qué edad empecé a notar que las mujeres en mi país eran menospreciadas por la sociedad. Acceder a ciertas cosas para las mujeres era una lucha constante, pero las veía y las admiraba. Quería ser como ellas, quería aprender a luchar y en mi casa me habían enseñado a jamás dejar de perseguir mis sueños, a defenderme. Pero el camino parecía un campo de guerra porque mientras algunas avanzaban otras eran calladas o se rendían. Nadie dijo jamás que todo era fácil, y empecé a ser como las mujeres que admiraba, convirtiéndome en una feminista en la lucha por mis hermanas. Donde antes era un espacio de competencia, creamos espacios de sororidad. Lloramos a nuestras hermanas, a nuestras niñas y niños.


Muchas sabias abrieron el camino para las más jóvenes, porque sabían que ese era el principio del cambio, no sólo de nosotras como mujeres, sino de una sociedad que vive rodeada de mujeres trabajadoras; desde las mujeres mineras de mi país que lucharon por una igualdad de pago y beneficios. Por eso muchas mujeres bolivianas traemos en nuestra sangre una lucha de años. El feminismo hace el camino para muchas, no importa a qué te dediques, porque sabemos que hay espacio para todas. Sabemos que es tiempo de dejar de sufrir, y aunque tal vez muchas de ellas no conocían qué hacía el feminismo, lo hicieron de forma natural, como siguiendo las reglas.


Mis compañeras por mucho tiempo no entendían la lucha, por mucho tiempo me miraban diferente, me decían que era una etapa de rebeldía, y no se daban cuenta que era una etapa de revolución, que yo estaba mirando y saltando al sistema; también veía como ellas aprenderían quizás de otra manera. De pronto, en una marcha del 8M, vi a muchas de ellas levantando su voz por nuestros derechos, por aquellas que se fueron, y es hermoso ver cómo vamos creciendo.


Y empecé en esta lucha cuando vi cómo vulneraban mis derechos, cómo la voz de un hombre era más validada que la mía, cuando también me tocó vivir momentos de violencia, cuando supe que el silencio no era una opción para las injusticias, cuando supe que podía alzar mi voz para ayudar a quienes más lo necesitaran. Cuando pude ser la voz de muchas en un solo canto y entendí que tampoco estaba sola, que muchas me agarraban de las manos en ese momento, que todo estando juntas estaría bien y no sólo sanaríamos nosotras, si no que empezaríamos a sanar a un sistema enfermo en el machismo.


Ahora mirando el lago Titicaca conectando con nuestras ancestras veo que aún el camino es largo. En este lago, donde dejo mis lágrimas por las niñas, por hermanas a quienes les quitaron la vida, pero no podrán silenciarnos a todas que seguiremos pidiendo justicia.

Y desde la cuenca amazónica unimos lazos con nuestras hermanas de todas partes del mundo en una lucha conjunta llena de sororidad, en donde el canto en conjunto es #NI UNA MENOS, porque tejemos redes a través de nuestros cantos y de nuestra lucha y donde sea que estés sepas que: ¡tu manada feminista esta lista para salir a luchar por ti por mí y por todas!


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