Alejandra Gotóo, México

"El feminismo es un posicionamiento político frente al mundo, cómo queremos ser percibidas y cómo queremos relacionarnos con otros"

Ilustración de Francisca Bravo O., Chile


Ser feminista ha impactado mi vida en distintos sentidos, sin embargo, la primera vez que me llamaron feminista lo sentí extraño, un poco ajeno, como si no debería haber hecho lo que sea que hice para que me llamaran así. Recuerdo que eso ya tiene años, fue en una de las presentaciones de mi Ruptura, mi novela, quizá fue en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia en la Ciudad de México o quizá fue en el Tec de Monterrey, campus Cuernavaca. En ese entonces, mucho más joven, pensé que el feminismo era un movimiento que había acontecido en el pasado y que había quedado resuelto, claro, pobre ilusa. Solía pensar que hoy en día las mujeres teníamos bastantes derechos y libertades, entonces, ¿por qué seguir con el mismo tema?


Poco a poco me di cuenta de que no era así. Las primeras veces que empecé a pensar que quizá el feminismo era necesario, me dediqué a tratar de responderme por qué no lo era. Tenía interiorizadas ideas que me impedían comprender la magnitud del feminismo y la alarmante necesidad de este. Además, si el feminismo era importante, ¿por qué no se enseñaba ese tema en las escuelas? Yo no recuerdo que me lo enseñaron.


Sin embargo, mis primeros encuentros con el feminismo actual, el que pervive, se los debo a una feminista admirable, Alma Karla Sandoval*. Ella era una persona que me llamaba mucho la atención, era una mujer inusual, quién expresó que mi novela era feminista. Ella era ruidosa, aguerrida, contestona, libre, risueña. Hace años que no la veo, pero me atrevo a decir que sigue siendo ella misma, tan imponente y admirable. Me llamaba la atención porque era extraña. No era el modelo de mujer que me habían enseñado, aunque he tenido (y actualmente tengo): maestras, una hermana, una madre y muchas amigas impresionantes y magníficas. Ella en particular dejó una huella en mí porque al principio pensaba que era demasiado intensa, demasiado exagerada, demasiado simplemente.


Me parece que hablar de feminismo está estrechamente ligado a hablar de privilegios o a la carencia de derechos básicos. En México las noticias sobre feminicidios llegan a nosotras de distintas maneras: a través de los medios de comunicación, a través de las redes sociales o en las conversaciones cotidianas. Me desalienta haber escuchado comentarios enunciados por mujeres que expresan que las feministas no las representan. Y vaya, hay distintos tipos de feminismo, y aunque algunos podrían parecer extremadamente radicales, ¿no se llevan a cabo con el objetivo de denunciar las carencias de seguridad por parte del Estado? Lamentablemente, desde hace años, hemos notado que las formas creativas de las feministas muchas veces han sido menospreciadas. La sociedad mexicana se ha burlado de estos movimientos. Han sido transformados en memes, gifs y otros medios de consumo masivo. ¿No se cantan “un violador en tu camino” con tono despectivo?


Hace poco más de un año leí una nota sobre la declaración de las mujeres zapatistas que expresan su apoyo hacia las hermanas de las Brujas del Mar sobre el 9M. El feminismo es un posicionamiento político frente al mundo, cómo queremos ser percibidas y cómo queremos relacionarnos con otros. Cito a las mujeres zapatistas:


Y no importa si esa hermana que está luchando es blanca o negra o amarilla o del color de la tierra. No importa si cree o no cree en una religión. No importa si se viste bien o mal. No importa si tiene paga o no. No importa si es partidista o no partidista. No importa si es amiga o enemiga. Lo que importa es que esté viva y libre.


Me parece inspirador lo que mencionan. Nos unimos como mujeres de muchas formas de vida, credos, colores, y lugares para luchar por lo mismo: libertad para estar vivas. En México estamos cansadas de sobrevivir, queremos vivir. Quizá si se hubiera hecho antes no estaríamos en este punto, como se sabe, matan a 11 mujeres diario, muchas más son violadas, violentadas o agredidas de alguna manera. Ojalá se hubiera hecho algo antes, pero lo que tenemos es el ahora y debemos hacer algo con las piezas que nos fueron otorgadas por quienes estuvieron antes que nosotras.


Pensemos en nuestro día a día y trabajemos en nosotras mismas y las personas cercanas a nosotras, ¿de qué manera he hecho algo (o sigo haciéndolo) que afecte a las mujeres? ¿De qué manera eso también me afecta a mí? Estas preguntas deben permanecer con nosotras y ser cotidianas. Por medio del actuar consciente podremos construir una sociedad en la que nos sintamos más cómodas y podamos vivir libres.

Para esto necesitamos revisar nuestros supuestos y replantearnos su vigencia y utilidad. Es un proceso arduo, que requiere reflexión y, lamento añadir, prueba y error. Sin embargo, hoy puedo decir con orgullo, ¡soy feminista!


*Autora de Cartas a una joven feminista (2019). Galardonada por segunda ocasión en el 2020 con el Premio Gran Mujer de México.

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